Los Trastornos del Espectro Autista (TEA) son una condición neurodiversa permanente que desafía tanto a la ciencia como a las políticas públicas. Su origen multifactorial, genético y ambiental, obliga a mirar más allá de la biología clásica. En ese cruce aparece la epigenética, disciplina que estudia cómo el entorno modifica la expresión de los genes sin alterar el ADN, y que hoy se perfila como una de las claves para entender el autismo en el siglo XXI.
La evidencia científica apunta a un protagonista inesperado: el microbioma intestinal. En personas con TEA se observa una microbiota alterada, con menor diversidad y cambios en la función de neurotransmisores como la dopamina, serotonina o GABA. Este “eje microbiota-intestino-cerebro” revela que la salud neurobiológica no puede desligarse de la salud gastrointestinal, y que los factores ambientales, tales como contaminación, dieta alimentaria, edad materna, exposición a químicos, sin duda son tan determinantes como la genética.
El hallazgo no es menor: si el entorno influye en la expresión genética, entonces como sociedad tenemos la responsabilidad de entender y proteger los procesos involucrados en las diferentes etapas del neurodesarrollo humano. La epigenética se convierte así en un puente entre ciencia, política y sociedad que vincula la biotecnología con los derechos humanos.
En México, los esquemas interdisciplinarios de diagnóstico e intervención tempranos, así como la capacitación hacia la inclusión educativa y atención temprana, enfrentan serios rezagos. Se requiere investigación multidimensional que permita obtener información y evidencia objetivas para el diseño, implementación y ejecución de políticas públicas efectivas.
La pregunta de fondo es si acaso estamos preparados para asumir el modelo bio-psico-social del autismo sustentado en los derechos humanos; ideal que exigiría transparencia institucional, inversión en salud, en educación, en concordancia con el reconocimiento hacia con la neurodiversidad. La ciencia ya abrió la puerta; ahora corresponde a la sociedad y al Estado cruzarla de manera armónica y responsable.