Negligencia bajo el agua: El colapso metropolitano que los gobiernos insisten en ignorar

Paulo Cuéllar

agosto 4, 2026

Lo que ocurrió este fin de semana en Nuevo León no fue un desastre natural; fue un monumento a la negligencia gubernamental. Bastaron un par de horas de tormenta para que la Zona Metropolitana de Monterrey se convirtiera, una vez más, en una trampa mortal de asfalto y agua. El recuento de daños, decenas de autos arrastrados, familias rescatadas de las corrientes y vialidades principales convertidas en ríos caudalosos, es la prueba fehaciente de que tanto el Gobierno del Estado como los alcaldes metropolitanos operan bajo una total ausencia de planeación y una nula cultura de prevención.

Es increíble que no sean capaces de elaborar un mapa vial con los diversos puntos negros donde siempre han existido desastres, muertes y accidentes después de una tormenta. Mientras los discursos oficiales presumen a Nuevo León como el epicentro del desarrollo económico y la modernidad, la realidad subterránea los contradice. Las administraciones públicas han permitido que la metrópoli crezca sin control, pavimentando zonas de absorción natural y autorizando desarrollos inmobiliarios en áreas de riesgo. Hoy, los ciudadanos pagan el costo de una infraestructura pluvial obsoleta que los alcaldes limpian solo cuando las cámaras de televisión están encendidas.

ALCALDÍAS OMISAS: LA BASURA Y EL DRENAJE EN EL OLVIDO
En los municipios de la zona metropolitana, la prevención es una palabra que solo existe en los folletos de campaña. Alcaldes van y vienen en Monterrey, San Pedro, Guadalupe, San Nicolás, Santa Catarina y Escobedo, pero el abandono del sistema de drenaje pluvial es una constante transexenal. El colapso de las alcantarillas no se debe únicamente a la basura que tira la ciudadanía; se debe a la falta crónica de mantenimiento de los servicios públicos municipales y a la nula inversión en obras de desagüe que no se ven y, por lo tanto, consideran que “no dejan votos”.

La respuesta de los ediles ante cada inundación se ha vuelto un cínico guion repetitivo: culpar a la naturaleza, desplegar operativos de rescate para la foto y prometer comisiones de estudio que jamás sesionan. Mientras tanto, pasos a desnivel y avenidas críticas carecen de sistemas de bombeo funcionales, atrapando a miles de trabajadores que hoy se reincorporaban a sus labores en medio del caos.

UN ESTADO QUE REACCIONA, PERO JAMÁS PREVIENE
Por su parte, el Gobierno del Estado ha demostrado una total incapacidad para articular una verdadera gestión integral del riesgo. Las dependencias estatales se han transformado en entes puramente reactivos. El mérito de Protección Civil al rescatar personas es innegable, pero la estrategia estatal es profundamente errónea: se invierten millones en equipar corporaciones para el rescate de cuerpos y vehículos, pero prácticamente cero pesos en ingeniería pluvial, represas rompepicos secundarias o pavimentos permeables que eviten que el agua se acumule.

El colapso vial de este lunes, potenciado por el regreso de 177 mil burócratas y 220 mil universitarios, desnudó a gobiernos que no saben coordinarse con sus municipios. La falta de un plan de contingencia metropolitano que obligue a escalonar horarios ante alertas climáticas evidencia que las autoridades prefieren paralizar la economía y arriesgar vidas antes que sentarse a diseñar soluciones técnicas conjuntas.
Nuevo León sigue gobernado por la improvisación. Mientras el Estado y los municipios continúen ignorando las advertencias climáticas y postergando la inversión en infraestructura pluvial, la capital industrial de México seguirá siendo una ciudad de papel que se desmorona con la primera tormenta, ahogada por la incompetencia de sus gobernantes.

PUNTOS NEGROS
Estas zonas representan fallas estructurales históricas que las administraciones estatales y municipales conocen a la perfección, pero que han dejado en el olvido por años, convirtiéndose en trampas mortales cada vez que llueve:

Monterrey

  • Avenida Constitución y Padre Mier (bajo el Puente del Papa). Un clásico del colapso vial; el desnivel acumula agua de los escurrimientos del centro y deja atrapados a decenas de vehículos en cada tormenta.
  • Avenida Alfonso Reyes y Servicio Postal. Zona de constante desborde debido a la falta de capacidad del drenaje pluvial en el área norte de la capital.
  • Avenida Lázaro Cárdenas (frente a las Torres). Los escurrimientos del Cerro de la Silla saturan esta importante arteria vial del sur del municipio.
  • Avenida Fidel Velázquez y Copán. Punto crítico en los límites con San Nicolás, donde el agua sube más de un metro en cuestión de minutos.

San Nicolás de los Garza

  • Avenida Manuel L. Barragán y Fidel Velázquez (paso a desnivel). Históricamente catalogado como uno de los puntos más peligrosos. Los sistemas de bombeo suelen fallar o verse superados por el flujo que baja de las zonas altas.
  • Arroyo Topo Chico (cruces con Av. Universidad y Av. Cristina Larralde). Las colonias aledañas viven bajo constante amenaza de desborde del canal debido a los taponamientos de basura y la falta de ampliación de la sección hidráulica.

Santa Catarina

  • Avenida Manuel Ordóñez (entrada al municipio). La principal vía de acceso se convierte en un río caudaloso que arrastra todo a su paso debido a las pendientes naturales del municipio.
  • Vía Colosio y Primero de Mayo. Cruce crítico de terracerías y asfalto que acumula lodo y escurrimientos severos provenientes de las faldas de los cerros.

Guadalupe

  • Avenida Eloy Cavazos y Monterrey (Colonia Rincón de la Sierra). Zona de alto riesgo por la bajada de agua directa del Cerro de la Silla que inunda viviendas y arrastra vehículos de manera recurrente.
  • Avenida Juárez y Las Américas. Los pasos a desnivel en esta zona acumulan agua rápidamente por la insuficiencia de la red de alcantarillado.

San Pedro Garza García

  • Avenida Morones Prieto (bajo el Puente de la Unidad / Viaducto la Unidad). A pesar de la alta plusvalía del municipio, los carriles exprés y ordinarios sufren encharcamientos severos que paralizan la vialidad.
  • Avenida Alfonso Reyes y Gómez Morín. Las pendientes de la Sierra Madre canalizan el agua con gran velocidad, convirtiendo las intersecciones en bajadas de alta peligrosidad.

Apodaca y Escobedo

  • Carretera a Laredo y Avenida Universidad (límites municipales). Zona propensa a encharcamientos masivos que detienen el tráfico pesado y el transporte de carga hacia el norte.
  • Avenida Raúl Salinas y Las Torres (Escobedo). Sector residencial y comercial que colapsa sistemáticamente debido a la saturación de los canales pluviales abiertos de la zona.

Deja un comentario