Protestas por escasez hídrica y energía en Nuevo León

El Delfín

julio 30, 2026

SECO Y A OSCURAS
La paciencia del norte tiene un límite, y se mide en kilowatts y litros de agua. Monterrey y su zona metropolitana están viviendo las primeras olas de un fenómeno que las autoridades estatales y municipales no vieron venir, o prefirieron ignorar: la articulación de protestas y movimientos sociales completamente orgánicos, vecinales y ajenos a los partidos políticos tradicionales. Hubo un registro de 13 manifestaciones vecinales esta semana en diferentes ciudades metropolitanas, principalmente en García y Guadalupe. En estas no hay banderas de colores ni líderes de campaña; hay frustración pura, botes vacíos y transformadores quemados. Quizá estas protestas aún no generan un polvorín, pero son una advertencia.

DEL PULMÓN AL METABOLISMO
La conferencia de Alfonso Martínez Muñoz, subsecretario de Medio Ambiente, en la Facultad de Salud Pública y Nutrición de la UANL esta semana fue altamente relevante para la entidad porque rompió el enfoque tradicional de la medicina preventiva al demostrar que la obesidad y la diabetes en Nuevo León no solo se originan por una mala dieta, sino también por el aire contaminado. El mensaje toral radicó en visibilizar la evidencia científica que sitúa a las partículas PM2.5 como alteradores endocrinos. Al entrar directamente al torrente sanguíneo, provocan inflamación celular y estrés oxidativo, lo que bloquea los receptores de insulina y acelera la acumulación de grasa corporal. ¿Cuál será la postura de los industriales?

EL “ABRAZO DEL OSO”
La primera gran desventaja de las coaliciones en el Nuevo León actual es el altísimo costo de marca. Los partidos tradicionales, atrapados en dinámicas de desgaste infinito, saben que aliarse hoy no suma militancia; resta credibilidad. El PAN y el PRI, que operaron como un matrimonio por conveniencia y supervivencia en las últimas batallas, enfrentan el reclamo de sus propias bases, cansadas de ver cómo se reparten las candidaturas entre los mismos tres grupos de siempre. Para un panista de cepa, salir a pedir el voto llevando en la boleta las siglas del tricolor es un sapo intragable; para el priismo, significa diluir lo poco que les queda de identidad. En esta mesa de juego, el que cede la candidatura principal no se asocia: se rinde.

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