Estimados lectores, en esta ocasión quiero poner a su consideración el siguiente análisis. Cuando salimos de vacaciones por carretera, solemos usar las autopistas de México y de otros países por comodidad y seguridad. Sin embargo, cuando esas ventajas comienzan a disiparse, surge la pregunta: ¿realmente vale la pena seguir utilizándolas?
Hago esta reflexión a partir de sucesos recientes. A finales de agosto, venía de Laredo, Texas, hacia Monterrey. Exactamente a las 12:00 horas crucé la caseta de la carretera Nuevo Laredo–Monterrey, a la altura de Sabinas Hidalgo, Nuevo León. Tardé 38 minutos en pasar, con solo dos casetas abiertas: una exclusiva para telepeaje y otra para pago en efectivo. Imagínense el congestionamiento en horas de mayor carga vehicular.
Definitivamente, esto rompe cualquier esquema logístico de productividad y seguridad. Si un conductor queda atrapado en el tráfico, se convierte en blanco fácil para un asalto. Y si hablamos de seguridad, ya ni eso tenemos: basta observar los asaltos diarios a camiones de carga en plena autopista. ¿No se supone que están vigiladas? ¿Quién se hace responsable?
La comparación con otros países es inevitable. En Estados Unidos y Europa, muchas casetas son automáticas y el vehículo ni siquiera se detiene. Automatizar la caseta que conecta con Texas ahorraría fácilmente dos horas de viaje en exportaciones e importaciones. Algo tan sencillo como cambiar un sistema puede mejorar ampliamente la operación logística.
No quiero pensar mal, pero esta ineficiencia parece beneficiar a ciertos actores involucrados en el sistema de peajes.
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