Horarios escalonados: administrar la movilidad, no solo el tráfico

Alberto Payton

septiembre 23, 2026

Monterrey enfrenta un dilema cada vez más evidente: seguir construyendo más vialidades para intentar contener el crecimiento de los viajes o aprender a administrar mejor la demanda existente. Los horarios escalonados buscan demostrar que la segunda opción también puede ser efectiva. La idea es sencilla: si cientos de miles de personas viajan prácticamente a la misma hora, no necesariamente hay que eliminar esos viajes; se puede modificar el momento en que ocurren para evitar que todos lleguen simultáneamente a las mismas avenidas, accesos y puentes.

Nuevo León comenzó formalmente a trabajar esta estrategia en julio de 2025, con la participación de cámaras empresariales, empresas y dependencias estatales. En septiembre de ese año arrancó el programa de Carpool y Horarios Escalonados, con más de 40 mil empleados registrados y 360 escuelas particulares, alcanzando a más de 73 mil alumnos en cinco zonas.

Uno de los primeros resultados se registró en el corredor Miguel Alemán, donde la Secretaría de Economía reportó reducciones de hasta 30 minutos en los tiempos de traslado. Este resultado corresponde únicamente a ese corredor y a condiciones específicas; no debe interpretarse como una reducción generalizada en toda el área metropolitana.

El programa siguió creciendo. En 2026, el Gobierno estatal informó que alrededor de 300 empresas se habían incorporado a la estrategia, mientras otras continuaban registradas y compartiendo buenas prácticas para implementarla. Sin embargo, una empresa puede modificar la hora de entrada de sus trabajadores y producir poco efecto si las demás actividades de la ciudad continúan concentrándose en el mismo periodo. Escalonar una empresa no equivale automáticamente a escalonar una red urbana.

La movilidad ocurre en el tiempo, pero también en el territorio. Por eso es indispensable considerar diferentes zonas y ventanas de horario. No se trata simplemente de decirle a toda la ciudad “entren más temprano”, sino de entender dónde se producen los viajes y hacia dónde se desplazan. Una planta industrial no puede operar igual que un banco; un hospital tiene necesidades distintas a una tienda, una universidad, un restaurante o una oficina corporativa. Imponer un horario rígido para todos sería poco eficiente.

Los horarios escalonados pueden generar beneficios claros: menor tiempo perdido en traslados, mayor puntualidad, menor estrés, mejor distribución del transporte de personal y mayor flexibilidad operativa. Pero también implican costos: turnos adicionales, ajustes en transporte, supervisión, seguridad y coordinación con proveedores. El diseño debe adaptarse a cada sector y, sobre todo, considerar al trabajador. Para algunas personas cambiar de horario puede representar una mejora importante; para otras puede significar mayores dificultades para organizar su vida familiar.

Si los horarios escalonados distribuyen la demanda durante un periodo más amplio, también pueden ayudar a utilizar mejor autobuses, Metro, TransMetro, rutas alimentadoras, estaciones y operadores. Pero el transporte público también tiene que adaptarse. No tendría sentido pedirles a empresas, escuelas y trabajadores que cambien sus horarios si la oferta de transporte continúa concentrada en los mismos periodos.

El escalonamiento de la demanda debe ir acompañado del escalonamiento y fortalecimiento de la oferta. Nuevo León debería dar un paso más: no solo analizar el tema de horarios escalonados, sino evolucionar hacia una verdadera gestión integral de la demanda de movilidad, combinando al menos cinco herramientas:

  1. Horarios escalonados
  2. Carpool
  3. Home office o esquemas híbridos
  4. Transporte empresarial
  5. Transporte público correctamente gestionado

El verdadero potencial está en la combinación.

Esta discusión tampoco es exclusiva de Monterrey. En México existen antecedentes de horarios escalonados, y a nivel internacional distintas ciudades han estudiado mecanismos para distribuir temporalmente la demanda de viajes. Para demostrar que esta política funciona, debe ser evaluada con información pública y una metodología clara. No en un estudio interminable, sino con variables esenciales: velocidad promedio, tiempo de viaje, volumen vehicular, participación de empresas y trabajadores y comportamiento de la demanda en el transporte público. Con esos datos podríamos saber cuánto tráfico evitamos, cuánto tiempo recuperó la ciudadanía y cuál fue el costo para las empresas.

Los horarios escalonados no son una solución mágica. No eliminan automáticamente los viajes ni hacen desaparecer el tráfico. Pero tampoco son una medida menor. Bien diseñados, coordinados territorialmente y combinados con otras herramientas, pueden permitirnos obtener mayor capacidad de una infraestructura que ya existe.

Muchas ciudades terminan imponiendo restricciones al automóvil cuando la congestión alcanza niveles insostenibles. Esas restricciones pueden ser la respuesta final a un sistema que no logró organizar suficientemente bien la demanda.

Nuevo León debería aspirar a algo diferente: potenciar un transporte público de calidad y combinarlo con una verdadera gestión de la demanda para mejorar significativamente la movilidad y reducir la necesidad de llegar a medidas restrictivas.

El objetivo final no debería ser simplemente impedir que la gente use su automóvil. El verdadero reto para Monterrey es construir un sistema de movilidad tan eficiente que las restricciones al automóvil se vuelvan cada vez menos necesarias.

Foto: Archivo.

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