La IA detrás del gusano

David Taboada

septiembre 14, 2026

La firma de investigación en seguridad Calif publicó el 8 de septiembre una demostración de WeWorm, un código de prueba que, según la firma, podría propagarse mediante llamadas de WeChat entre dispositivos iOS y Android. Con 810 millones de usuarios en China y 1,430 millones de usuarios globales, WeChat ocupa el sexto lugar en popularidad entre las plataformas de redes sociales.

Calif no solamente documentó la vulnerabilidad, sino que atribuyó a herramientas de IA su identificación y la primera versión del software para explotarla en alrededor de dos días.

El reporte señaló que el desarrollo del software final para iOS y Android les tomó una semana. En su demostración, un Pixel 10a llamó a un iPhone 17e; mientras el teléfono sonaba, la aplicación WeChat fue comprometida y utilizada para llamar a un tercer equipo, todo esto sin necesidad de contestar la llamada.

Del hallazgo al parche
De acuerdo con Calif, la vulnerabilidad fue identificada en julio y reportada a Tencent, la dueña de WeChat, el 24 de ese mes. La firma indicó que los exploits para Android y iOS estuvieron listos el 2 de agosto; Tencent publicó actualizaciones entre el 21 y el 28 de agosto y confirmó una mitigación en sus servidores. Calif divulgó el trabajo de manera responsable, una vez concluido ese proceso.

La secuencia permite separar dos hechos. El primero es el impacto de la vulnerabilidad: Calif afirmó que una explotación exitosa permitía controlar la cuenta de WeChat, leer y enviar mensajes, realizar llamadas y suplantar identidad. El segundo es el cambio en el proceso de desarrollo: las herramientas de IA participaron en actividades que la firma situaba antes en ciclos de ingeniería de varios meses.

Qué dice el caso sobre la Singularidad
En julio, Sam Altman declaró en el pódcast Relentless que la sociedad estaba “en la Singularidad”. Su formulación asocia ese proceso con sistemas de IA empleados para diseñar, depurar y entrenar a la siguiente generación de modelos e infraestructura. En Casi en la Singularidad describí la mejora recursiva como la capacidad de una IA para rediseñar y mejorar su propio software y hardware.

WeWorm no documenta que un sistema de IA haya rediseñado o entrenado a otro sistema de IA. Lo que sí evidencia es por qué la capacidad de generar, revisar y adaptar código se vuelve relevante para quienes construyen y gobiernan sistemas de IA.

El antecedente de Un examen que salió del laboratorio registró otro ángulo: agentes que ejecutaron código y explotaron vulnerabilidades durante una evaluación interna de OpenAI. En ambos expedientes, el desarrollo o uso de código por sistemas de IA hace depender los resultados de controles externos de autorización, credenciales y conectividad. En nuestro caso, el vínculo con la Singularidad y las empresas mexicanas está en la gobernanza de procesos donde los agentes cuentan con identidad, permisos y capacidad de realizar transacciones.

El modelo Chat GPT‑6 Astra de OpenAI, recientemente lanzado, representa un importante avance en la capacidad cognitiva de los modelos actuales. Esto ha llevado a la empresa a afirmar que este modelo marca el inicio formal de la era de la AGI (Artificial General Intelligence). Lo sustentan en pruebas que lo colocan como el primero en alcanzar el umbral de “Capacidad Cibersegura Crítica” tras descubrir y explotar de forma independiente vulnerabilidades inéditas, además de operar computadoras a nivel humano con un puntaje récord de 72.6 por ciento en OSWorld 2.0 y resolver problemas complejos de investigación en matemáticas y ciencia.

El poder transformador de la IA ya llegó. Sin embargo, existen condiciones que causan fricción y evitan que su potencial se haga realidad. No obstante, la ola de cambio avanza con vigor. Más vale estar preparados como individuos, organizaciones y nación.

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