La expansión de Lego en Ciénega de Flores permite observar con claridad las dinámicas del nearshoring en México. Lo que comenzó en 2008 con la colocación de la primera piedra de un complejo de 45 mil metros cuadrados, tras un proceso de selección en el que Nuevo León compitió contra Texas, Tamaulipas, Coahuila, San Luis Potosí e incluso China, se convirtió en el principal centro logístico y manufacturero de la empresa para el continente americano. La reciente inversión de 400 millones de dólares, destinada a completar el proyecto de integración regional, confirma la relevancia de México en las cadenas de valor globales, pero también expone las limitaciones que enfrenta este modelo.
La llegada de Lego representó en su momento la instalación de la primera planta productiva de la firma en América Latina. La decisión se sustentó en la cercanía con los mercados de Estados Unidos, México y Canadá, así como en la calidad de la mano de obra y la infraestructura regional. Con el paso de los años, la planta se amplió a más de 150 mil metros cuadrados y dos mil 400 empleados, incrementando su parque industrial y alcanzando una producción diaria superior a 76 millones de elementos. El proyecto de largo plazo incluyó la construcción de almacenes automatizados y el desarrollo de una “planta espejo” para duplicar la capacidad operativa, con el objetivo de internalizar la logística y reducir la dependencia de bodegas externas.
LOS RETOS
La emergencia sanitaria de 2020 interrumpió este plan. Durante dos meses la planta detuvo operaciones, lo que obligó a trasladar insumos desde Europa y Asia para mantener el suministro en América. El confinamiento, paradójicamente, incrementó las ventas globales de la empresa en 21 por ciento, pero también evidenció la vulnerabilidad de depender de cadenas de transporte lejanas. Tras la reapertura, la planta mexicana operó a máxima capacidad y aceleró la búsqueda de autonomía logística, construyendo puentes conectores de 600 metros para enlazar predios y permitir el traslado automatizado de insumos.
El crecimiento de la operación en Ciénega de Flores también enfrentó restricciones locales. Para garantizar el consumo de agua desmineralizada en los sistemas de enfriamiento industrial, la empresa gestionó permisos ambientales para instalar una planta desaladora y sistemas de reciclaje de más de siete mil 300 metros cúbicos de agua. En materia de capital humano, la planta se convirtió en la única instalación fuera de Dinamarca capacitada para fabricar sus propios moldes de inyección de alta precisión. Sin embargo, la oferta laboral técnica especializada se concentraba en municipios metropolitanos, lo que obligó a estructurar programas internos de formación en alianza con instituciones educativas nacionales y certificaciones internacionales.
LA PROVEEDURÍA
El escalamiento de la manufactura de plásticos puso en evidencia la importancia de la petroquímica como proveedor estratégico. La producción de más de 100 millones de piezas diarias requiere un suministro continuo de resinas y polímeros de especificación técnica. En este sentido, la expansión de Lego se vincula con los objetivos del Plan México para sustituir importaciones y consolidar una red local de proveeduría de polímeros, solventes, pigmentos y adhesivos. Sin embargo, en el caso de los petroquímicos la realidad es distinta: México mantiene un déficit estructural en la producción de resinas y polímeros de especificación técnica, lo que obliga a importar insumos estratégicos desde Estados Unidos y Asia.
La integración con la petroquímica nacional es, por tanto, una meta de mediano plazo más que una condición inmediata. El reto consiste en desarrollar proveedores locales capaces de abastecer volúmenes crecientes y reducir la vulnerabilidad frente a la volatilidad internacional, sin perder de vista que la dependencia externa seguirá siendo significativa en los próximos años.
Las consecuencias positivas de este crecimiento son evidentes. La generación de más de mil empleos directos fortalece la base laboral de municipios periféricos y distribuye oportunidades más allá del área metropolitana. El impulso al sector petroquímico abre espacio para consolidar una red nacional de proveeduría, mientras que la consolidación de Ciénega de Flores como epicentro juguetero mundial refuerza la posición de México en una industria que combina manufactura, creatividad y exportación.
El anuncio de la inversión se produce en un momento coyuntural relevante. La renegociación del T-MEC y la guerra en Medio Oriente reconfiguran las cadenas de suministro globales, lo que otorga mayor peso a la estrategia de proximidad. En este contexto, la decisión de ampliar operaciones en México responde a la necesidad de asegurar producción y distribución en América, reduciendo riesgos asociados a la dependencia de mercados lejanos y a la volatilidad internacional.
La consolidación de Lego en Nuevo León muestra que el nearshoring puede ser una palanca de desarrollo, pero también que su sostenibilidad depende de resolver problemas estructurales: formación de talento técnico, seguridad hídrica y fortalecimiento de la petroquímica. La planta de Ciénega de Flores es, al mismo tiempo, un caso que refleja las oportunidades y las tensiones del modelo, y un recordatorio de los retos que México debe atender para convertir la relocalización de inversiones en beneficios duraderos para la comunidad.
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