796%: el incremento que alcanzarían las rentas en Monterrey durante el Mundial 2026.
En México se jugarán apenas 13 de los 104 partidos del Mundial 2026, pero ya hay un sector que celebra antes del silbatazo inicial: los arrendadores de inmuebles.
Un análisis de Letras de Poder, basado en propiedades en renta en Airbnb cercanas a los estadios Azteca en la Ciudad de México, Akron en Guadalajara y BBVA en Monterrey, revela que los precios se disparan en las fechas de los partidos.
La comparación es contundente: alquilar una vivienda a finales de febrero frente a hacerlo en junio, durante el Mundial, muestra alzas históricas. Monterrey lidera con un incremento promedio de 796%, seguido de Guadalajara con 595% y la Ciudad de México con 101%.
El caso más extremo se da en Guadalupe, Nuevo León: una habitación con tres camas cuesta 6,355 pesos por cinco noches en febrero (1,059 diarios). En junio, el mismo espacio se eleva a 91,041 pesos (18,208 diarios). Un salto que convierte un gasto familiar moderado en el equivalente a un viaje internacional.
La razón está en la afluencia esperada de turistas. La Federación Mexicana de Asociaciones Turísticas estima la llegada de 2.5 millones de visitantes extranjeros, un mercado con poder adquisitivo medio y alto.
La derrama no se limitará a las zonas cercanas a los estadios. Profesionales inmobiliarios anticipan que alcanzará barrios como Polanco y el Centro Histórico en la capital, San Pedro y el centro de Monterrey, así como el corazón de Guadalajara.
La Asociación Mexicana de Profesionales Inmobiliarios advierte un desplazamiento de la renta tradicional hacia esquemas de corta estancia, reduciendo la oferta en las tres ciudades y municipios vecinos.
Los hoteles también se preparan para ganar. Se espera una ocupación promedio del 70% durante los partidos, con aumentos de tarifas de hasta 275% en Monterrey, 250% en Guadalajara y 200% en la Ciudad de México, según estimaciones de Banamex.
El Mundial traerá una fiesta deportiva, pero también una transformación del mercado inmobiliario y hotelero. La pregunta es inevitable: ¿qué quedará para los residentes cuando termine el último partido y las cámaras se apaguen?
