El anuncio del gobierno de Estados Unidos de no extender por otros 16 años el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) no representa, por ahora, el inicio del desmantelamiento del principal acuerdo comercial de Norteamérica. Sin embargo, sí inaugura una etapa de incertidumbre que podría convertirse en el principal factor de riesgo para la inversión y el crecimiento económico de la región.
Para Jorge Moreno, economista y analista de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), la decisión comunicada por el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, debe entenderse más como una herramienta de presión política que como una señal de ruptura.
“Estados Unidos está utilizando la incertidumbre como un instrumento para aumentar su poder de negociación”, explica el especialista. La estrategia, añadió, mantiene la lógica observada durante la primera administración de Donald Trump: elevar la presión antes de buscar mayores concesiones de sus socios comerciales.
El contexto también respalda esa lectura. Mientras Washington activó el mecanismo de revisiones anuales previsto en el tratado, las mesas de negociación con México permanecen abiertas y ya existe una nueva ronda programada para julio. En ese escenario, abandonar el acuerdo parece menos probable que renegociarlo.
EL COSTO DE NO SABER
Aunque el tratado continúa vigente, el cambio más importante no ocurre en el texto del acuerdo, sino en las expectativas de quienes toman decisiones de inversión.
Moreno sostiene que el mayor riesgo para México no es la desaparición del T-MEC, sino la incertidumbre que puede prolongarse durante los próximos meses.
Las empresas, particularmente las multinacionales, construyen sus proyectos con horizontes de inversión de varios años. Cuando las reglas comerciales dejan de ser predecibles, las decisiones también cambian: nuevos proyectos pueden posponerse, ampliaciones industriales retrasarse y parte del capital destinado al nearshoring entrar en pausa mientras se define el nuevo marco de negociación.
Más que una salida inmediata de inversiones, el riesgo consiste en perder velocidad.
UNA INTEGRACIÓN DIFÍCIL DE ROMPER
Pese al endurecimiento del discurso estadounidense, Moreno considera que la probabilidad de una renegociación exitosa continúa siendo elevada.
La razón es económica antes que política.
Durante tres décadas, las cadenas de suministro de Norteamérica se integraron hasta el punto de que sectores como el automotriz, electrónico, médico y agroindustrial dependen de insumos que cruzan la frontera en múltiples ocasiones antes de convertirse en un producto terminado.
A ello se suma el contexto internacional. En medio de la competencia tecnológica y comercial con China, debilitar la plataforma manufacturera regional tampoco parece conveniente para Estados Unidos.
Desde esa perspectiva, el escenario más probable no es la desaparición del T-MEC, sino un tratado con reglas más estrictas: mayor contenido estadounidense en los productos, nuevas disposiciones para cadenas de suministro estratégicas y requisitos adicionales para sectores considerados sensibles.
NUEVO LEÓN, ENTRE LOS MÁS EXPUESTOS
Si la incertidumbre se prolonga, Nuevo León figura entre las entidades que podrían resentir con mayor intensidad sus efectos.
Su economía depende de la manufactura de exportación, de la inversión industrial y de una estrecha integración con las cadenas productivas del sur de Estados Unidos.
El impacto no necesariamente se traduciría en una recesión, explica Moreno, pero sí podría reflejarse en una menor expansión industrial, retraso de nuevas inversiones, desaceleración del empleo manufacturero y una demanda más moderada de parques industriales y servicios logísticos.
En otras palabras, el estado podría crecer por debajo de las expectativas que generó el auge del nearshoring.
LO QUE REALMENTE HABRÁ QUE OBSERVAR
Para el economista, el anuncio de Greer no es el punto de llegada, sino el punto de partida.
El verdadero termómetro estará en el desarrollo de las negociaciones durante las próximas semanas.
El tono de los comunicados oficiales, los avances en las reglas de origen para la industria automotriz, la imposición, o no, de nuevos aranceles, las decisiones de inversión de empresas multinacionales y la participación de Canadá serán algunos de los indicadores que permitirán evaluar si la región avanza hacia una renegociación ordenada o hacia un periodo más prolongado de incertidumbre.
“Si las negociaciones avanzan durante el verano, el impacto económico podría ser limitado. En cambio, si las revisiones anuales se convierten en una fuente permanente de incertidumbre política, sí podrían afectar las decisiones de inversión y el crecimiento económico regional”, concluyó Moreno.