La narrativa del miedo y el botín electoral

El Delfín

febrero 7, 2026

Si los actores políticos lucran con la incertidumbre, entregarán la legitimidad del Estado antes de abrirse las casillas.

Ni alarmismo que paralice a la sociedad, ni politización que fracture a las instituciones. Es innegable que la caída de un mando con poder internacional abre un periodo de reconfiguración interna, luchas por la sucesión y disputas territoriales. Sin embargo, sobredimensionar el caos y utilizarlo como caldo de cultivo solo sirve a los fines del crimen organizado para demostrar poderío y control.

La sociedad civil, ya vulnerable ante la suspensión de clases, bloqueos de carreteras y cierre de negocios en diversas entidades, requiere información certera, no especulaciones que alimenten el pánico. Los gobiernos deben subrayar que la presencia de las fuerzas de seguridad tiene como objetivo garantizar el libre tránsito y la protección de la ciudadanía. La única recomendación debe ser seguir los canales oficiales e imponer la narrativa de que, pese a la coyuntura de incertidumbre, las actividades económicas y comerciales mantienen su flujo habitual bajo esquemas de monitoreo preventivo.

De cara al proceso electoral de 2027, el riesgo más latente no es solo el vacío de poder en el crimen organizado, sino el vacío de ética en la clase política. La tentación de utilizar este suceso como un mazo para golpear al adversario o como una medalla triunfalista es un error de cálculo histórico. La seguridad de los mexicanos no puede convertirse en moneda de cambio electoral. Transformar la tragedia o la violencia reactiva en botín político es una falta de respeto a una ciudadanía que aspira a llegar a las urnas en un clima de paz y libertad.

El 2027 no se construye con el estruendo de las armas ni con el oportunismo de las siglas, sino con la madurez del compromiso institucional. Si los actores políticos ceden a la tentación de lucrar con la incertidumbre, estarán entregando la legitimidad del Estado antes de que se abran las casillas. La historia ha demostrado que los vacíos de poder son peligrosos, pero los vacíos de responsabilidad lo son aún más.

Al “Mencho” lo alcanzó su destino; que a nuestra democracia no la alcance la mezquindad de quienes ven en la coyuntura una oportunidad de votos. En el camino hacia 2027, la unidad y la prudencia no son opciones, son la única estrategia de supervivencia nacional.

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