El clima eliminado en tiempo extra

Jesús Hernández

julio 28, 2026

Un verano que inició casi a la par con el Mundial de Futbol en Norteamérica, una justa que reúne grupos de interés, matiza opiniones y convierte a todos en expertos del deporte más popular del mundo, sirvió a la vez de preámbulo para anunciar la llegada de los primeros efectos del fenómeno climático conocido como “El Super Niño”, por las condiciones exacerbadas que se esperan vivir en el segundo semestre de este año.

Solo en Nuevo León, un par de horas de lluvia torrencial al atardecer bastaron para inmovilizar a la mitad del área metropolitana y, lamentablemente, con pérdidas humanas. Cuando pensábamos que empezaría la diversión, se mostró el rostro de la tragedia urbana ante las inclemencias del tiempo.

Dentro de este intercambio cultural global por la justa mundialista, especialistas en meteorología de Reino Unido anunciaron, para mala fortuna de los viajeros, un incremento del 30% en las turbulencias de los vuelos comerciales hacia el último trimestre del año.

Pareciera que el medio ambiente reclama su expulsión de la agenda global tras el anuncio del Banco Mundial de postergar indefinidamente su Plan de Acción sobre Cambio Climático, eliminando su meta formal de destinar el 45% de sus recursos crediticios anuales a proyectos con beneficios climáticos.

Un retroceso en la intención de ampliar la ambición del financiamiento ecológico, si se busca movilizar 300 mil millones de dólares anuales hacia 2035, con una descarbonización en espera y la constante zozobra por la crisis en Medio Oriente.

Será interesante conocer el resultado de la Estrategia de Sostenibilidad de FIFA: que los seis objetivos del pilar medioambiental de la competencia se trabajaron, se monitorearon y, lo más importante, se cumplieron. Que el legado del evento no sea solo para la estadística y la historia, sino un nuevo modo de celebrar planeta y humanidad en el marco de un mundo más sostenible.

Las pausas de hidratación demostraron que el deporte de antaño también se rinde ante un clima más extremo. En el Mundial de Qatar 2022 se tuvieron que mover los partidos al mes de noviembre por las temperaturas de verano de hasta 50 °C.

Ahora también el deporte está mostrando medidas de adaptación para su resiliencia. No es suficiente: la actividad recreativa también tiene su impacto ambiental adverso en el planeta.

Esto demuestra que el deporte ya no solo es parte integral de la formación del ser humano, sino también puede ser la expresión climática más racional de nuestra competencia contra el cambio climático, en la cual vamos atrás en el marcador y nos queda poco tiempo, o quedaremos fuera, como quiera que se entienda este resultado.

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