Cambiando actitudes sociales hacia la neurodiversidad

Rodolfo Guillermo A. Flores Briseño

septiembre 2, 2026

Las actitudes representan el fundamento de las diferentes interacciones que se dan entre las estructuras de la sociedad y los grupos que las conforman. Particularmente me referiré a la relación entre actitudes sociales y “neurodiversidad”, constructo social que Judy Singer, socióloga australiana, acuñó y describió en 1988.

Sabemos que la neurodiversidad no solamente involucra a una persona o a su familia, sino que compromete a cada uno de los miembros de la sociedad a través de la demanda de servicios adecuados y del impacto directo que ejerce sobre sus estructuras legales, políticas, económicas y culturales, que no satisfacen sus demandas y necesidades cotidianas. Por lo tanto, nuestras actitudes influyen sobre la forma en que socialmente percibimos a una persona neurodivergente y a la neurodivergencia misma.

Es por ello que aceptarla y entenderla es esencial para generar un ecosistema social y cultural estable, de modo tal que los cambios positivos de actitudes hacia la inclusión, el respeto a los derechos humanos y el estricto cumplimiento de los marcos jurídicos internacionales, nacionales y locales complementen los valiosos aspectos naturales de la diversidad humana. Desafortunadamente, en la actualidad la sociedad, a través de diversas acciones, acentúa los estereotipos y prejuicios hacia la neurodivergencia, olvidando que simple y sencillamente representa una variación genética y ambiental en el ser humano.

Las actitudes sociales hacia la neurodiversidad están redefiniendo las perspectivas hacia entidades como el autismo, la dislexia, el TDAH y otras diferencias cognitivas y de comunicación. Grupos de personas neurodivergentes, sus padres, organizaciones civiles y personas defensoras enfatizan en eliminar el uso del tradicional modelo médico, al luchar y promover la importancia de la inclusión, aceptación y reconocimiento social. Es así que las actitudes sociales generan un impacto real en la vida de las personas neurodivergentes: desde sus efectos en la interacción diaria hasta en cómo los servicios públicos y privados en educación, salud, transporte, trabajo y recreación entienden y atienden a las personas neurodivergentes y sus familias. La realidad es que cotidianamente continúan manifestándose actitudes negativas institucionales sin ser sancionadas, corregidas ni eliminadas, lo que refleja lo inadecuado de las políticas y estrategias en materia de bienestar social en México y particularmente en Nuevo León.

La interacción social expresada como “actitudes” representa un proceso importante de la experiencia humana y es esencial en el desarrollo humano. Asimismo, y desde una visión neuroquímica, las experiencias y actitudes sociales positivas elevan los niveles de serotonina, dopamina y oxitocina, mejorando la sensación de bienestar, empatía, generosidad y la reducción del estrés, entre otros efectos favorables. Simultáneamente, las personas al identificarse como neurodivergentes inician un mecanismo que da sentido a su vida, creando la percepción de pertenencia y participación dentro de su comunidad, cualquiera que ésta sea.

El concepto de neurodiversidad, vinculado con actitudes sociales, leyes y políticas públicas, debe cambiar la acción de “curar, medicar, excluir, condicionar” hacia la modificación y adecuación del medio ambiente, la elaboración y reglamentación de leyes actualizadas y pertinentes, así como de sistemas públicos y privados inclusivos dentro de un marco de corresponsabilidad y actitudes positivas que consideren la neurodiversidad como una variación natural en el ser humano y no bajo la perspectiva de una alteración médica. Se requieren instituciones y programas públicos actualizados y realistas en materia de educación, salud, empleo y derechos humanos, vinculados transversalmente con un sistema social que promueva y fortalezca las actitudes sociales positivas hacia las personas neurodivergentes. A menos que entendamos las actitudes sociales como elemento estratégico en el diseño, implementación y ejecución de políticas, no podremos evaluar el impacto de leyes y reglamentos que resuelvan y/o prevengan la exclusión y discriminación de las personas neurodivergentes. Así es que entonces debemos, al menos, intentar interpretar y entender la relación que existe entre actitudes sociales, discriminación y neurodiversidad.

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