México enfrenta 2026 con un panorama complejo en materia de energías limpias. Tras un 2025 marcado por el nivel más bajo de adiciones en una década, apenas poco más de un gigavatio de solar distribuida, los rezagos en infraestructura, licencias ambientales y financiamiento han dejado al país rezagado frente a sus pares regionales, de acuerdo con un análisis de BloombergNEF.
La administración de Claudia Sheinbaum ha respondido con un plan ambicioso: 32 mil megavatios de nueva capacidad eléctrica hacia 2030, de los cuales el 70 por ciento provendrá de fuentes renovables. La Presidenta calificó este proyecto como “histórico” y clave para la soberanía energética, con obras emblemáticas como la central fotovoltaica de Puerto Peñasco en Sonora y el proyecto Oasis en Baja California Sur.
Sin embargo, BloombergNEF advierte que la ejecución será el verdadero reto: licencias ambientales, refuerzos de transmisión y financiamiento oportuno son cuellos de botella que pueden retrasar la materialización de los planes.
En paralelo, el contexto geopolítico añade presión. Estados Unidos, en la revisión del T-MEC, ha cuestionado que México favorezca a Pemex y CFE, limitando la participación privada en el sector energético. Washington exige mayor apertura y certidumbre para las empresas extranjeras, lo que coloca al gobierno mexicano en una posición delicada: equilibrar la narrativa de soberanía energética con la necesidad de atraer inversión y cumplir compromisos internacionales.
Aun con estas tensiones, el panorama comienza a cambiar. BloombergNEF estima que México añadirá 3.2 gigavatios de nueva capacidad en 2026, marcando el inicio de un nuevo ciclo de crecimiento. La solar distribuida será el motor principal, mientras que los proyectos a gran escala, como el parque solar Proton de Ennova y los parques eólicos Cerritos y Cimarrón, empiezan a despegar bajo esquemas públicos, privados y mixtos. Un elemento clave es el mandato de incluir almacenamiento en todo nuevo proyecto eólico o solar, lo que abre la puerta al desarrollo del mercado de baterías y fortalece la estabilidad del sistema eléctrico.
En síntesis, México se encuentra en un cruce estratégico: superar rezagos internos y demostrar que puede cumplir sus metas renovables sin ceder totalmente a las exigencias externas. El éxito dependerá de que los retos iniciales se atiendan con rapidez, para que la promesa de 29 gigavatios hacia 2030 no quede en papel, sino en capacidad instalada que asegure competitividad y seguridad energética.